Todas las culturas humanas despiden a sus muertos. Ninguna se ha puesto de acuerdo sobre de qué color hacerlo.
Seis colores distintos para el mismo gesto: negro, blanco, morado, amarillo, rojo y azul. No son variaciones de una misma idea — son respuestas incompatibles a la misma pregunta.
Y si crees que el negro es «el color natural del duelo», esta página es para ti: en Japón lo era el blanco hasta hace siglo y medio.
La asociación se remonta, según se cree, a época romana. Funcionaba como señal social: comunicaba a los demás que una persona estaba de luto. Se convirtió en ritual elaborado con la reina Victoria, que guardó luto por el príncipe Alberto durante 40 años, inspirando a las viudas victorianas a vestir de negro entre uno y dos años tras la muerte del marido. Y en Japón, hoy, pero como importación reciente: el negro funerario japonés llegó con la apertura a Occidente en el periodo Meiji.
Color de las ropas de duelo desde la dinastía Zhou (1046–256 a.C.), prescrito en los códigos rituales del Libro de los Ritos — unos 3.000 años de continuidad. El origen es material: tejidos toscos y sin teñir (cáñamo), signo de humildad; el blanco no se eligió por su simbolismo, era el color de la tela sin trabajar. El periodo de luto varía según el parentesco, de 3 meses a 3 años: los hijos visten de blanco, los parientes lejanos otros colores, y el rojo se evita por completo. Y en Japón, antes de Meiji, los samuráis vestían de blanco para el seppuku.
Muchos católicos devotos visten de morado junto al negro. Matiz: puede considerarse irrespetuoso vestir de morado sin estar en un funeral, por su carga devocional. En la procesión del Viernes Santo, túnicas y capirotes morados como símbolo del sufrimiento de la crucifixión.
Reservado a las viudas durante el luto por su cónyuge; el resto de asistentes viste de negro. El color no marca la emoción: marca quién eres dentro del duelo.
Adoptado como color de duelo vinculado a la sangre derramada durante el apartheid. Documentado en actos públicos: el funeral de Senzo Meyiwa, con el estadio de Durban vestido de rojo; el arzobispo Desmond Tutu de rojo en el funeral de Nelson Mandela, en 2013. Es simbolismo político y reciente, no folclore antiguo.